Niños y adultos vivimos tiempos distintos. El tiempo no transcurre para todos a la misma velocidad.
Los adultos realizamos el 50% de nuestras tareas pensando en otro tema, vivimos en el TIEMPO LINEAL, nos sometemos al presente con la mirada puesta en el mañana y arrastrando sombras del pasado.
Los niños viven al ritmo de los acontecimientos, en el TIEMPO SIMULTANEO, muy cercano al ritmo de la naturaleza.
Pregunta: ¿Qué pasa con un niño si lo estás vistiendo y veis una mosca? Lo que va a hacer el adulto lo sabemos de antemano, meterle prisa al niño para terminar de vestirse.
Los adultos corremos de una tarea a otra en nuestra carrera de obligaciones, sin tiempo para detenernos en los detalles, cocinamos sin probar, paseamos sin ver el entorno, incluso ambas tareas las podemos compaginar, viendo la tele y haciendo una llamada de teléfono, nuestra atención está dispersa y no tenemos nuestro cerebro programado para hacer varias cosas a la vez, se pone en estado de estrés, la densidad de la amígdala, área donde se ubican los miedos aumenta y nuestra felicidad disminuye.
El truco que parece detener el tiempo es el asombro, ver el mundo con ojos de niño, con curiosidad, interés ilimitado y sin ideas preconcebidas.
El niño saborea, huele, siente y mira al mundo con asombro. La curiosidad y el asombro producen placer ... y el placer produce, FELICIDAD.